José Ignacio López llega a su casa extenuado del trabajo. Se dispone a disfrutar de su "paz", lo que el llama "caos controlado", pues cree firmemente que a diferencia de sus herramientas de trabajo, las cosas de su hogar aparecen más rápido cuando se las deja moverse anárquicamente. Con el dinero es exactamente al revés: cuando le pagan guarda la plata en el bolsillo como viene, es decir, la mete dentro sin acomodar de ninguna forma (cree que trae suerte), en cambio, en su casa la acumula ordenada de mayor a menor, todos con la cara de los próceres mirando para el mismo lado, excepto el de adelante de todo.
La vida interior de Pepe Nacho (apodo que le puso una tía de chico y que siempre lo molestó), es muy rica: es un supersticioso amante de la ciencia, que a la hora de los negocios sigue a los economistas tanto como a los astrólogos; siempre está presente para la conversación erudita o literaria y para los programas de TV trash con muchas mujeres con poca ropa. Por presión de su padre es abogado, pero en venganza a él por no dejarlo soñar eligió ejercer la plomería (oficio que aprendió de un amigo, con el que no tenía un vínculo tan fuerte).
"¡Ay que lindo! Al fin en casa sin otra cosa que hacer que ver la tele. Me olvidé de ir a comprar, sale pizzería. " Este es el mismo tipo que no llega a ningún lado con menos de 15 minutos de anticipación y que todos sus clientes adoran por lo detallista y responsable. Lo cierto es que sufre las responsabilidades y las evade, porque cree que todo lo que hace debe hacerse bien, ya que si el cliente no se conforma con la mediocridad él tampoco.
Suena su celular por un mensaje.
"¡No me jodan! No quiero salir, si pudiera haría que me traigan la pizza a la cama."
Lee el mensaje y no sabe si sentir decepción o alivio, debido a que el mensaje es para cancelar una reunión con sus amigos que venía planeando hace tiempo.
Recibe la pizza, come la mitad viendo su serie de acción y piensa en que si hubiera sido narco su vida sería más emocionante y tendría un harem más grande que el que tuvo su padre alguna vez. Se duerme pensando en algún posible negocio y exagerando las posibles utilidades para motivarse.
Se levanta casi al mediodía (es domingo y dijo a todos sus clientes que tenía la agenda llena para no trabajar y seguir pareciendo responsable), va a comprar facturas deseando todavía hayan quedado las que le gustan. El portero le alcanza el diario Le Monde Diplomatique, Página 12 y su ansiado número de la revista Hombre de este mes, con una tapa con dos de sus modelos preferidas. Le da propina y le pide que se las guarde. El portero le pregunta como va el juicio de bienes con su ex, le dice que en un día tan lindo no piensa hablar de eso.
Iba en camino a la panadería en alpargatas, despeinado y cara sin lavar. Cuando salía de noche impecable eran los únicos días donde compraba facturas temprano bien vestido (pero con resaca y olor a alcohol, con suerte casi milagrosa lo adornaba un chupón).
Caminaba tranquilamente cuando de repente oye a una chica gritar. Un tipo la amenazaba con un cuchillo a mitad de cuadra de donde él pasaba.
--Déjala o te cago a trompadas-- Gritó con poca convicción, pero no quería cargar con la culpa de no haber ayudado a una chica sola. Después de gritar salió corriendo hacía el tipo que lo apuntó con el cuchillo. El tipo le tira un cuchillazo, él lo esquiva, le toma la mano y le rompe el brazo, lo golpea en el estomago. El tipo se desmaya y él aprovecha para llevarse a la chica de la mano a su casa.
En ese momento no se imaginaba que tan emocionante se iba a volver su vida.
lunes, 7 de julio de 2014
jueves, 5 de junio de 2014
Guardiana Eterna
El primer discípulo de León de
Fuego, el Maestro Alma, fundo una estirpe de guerreros conocida como
los Jivath. Nadie sabe porque eligió ese nombre para su logia
destinada a proteger el mundo, aun a pesar de la rabia de sus
integrantes, los cuales al igual que el león renunciaron a su
humanidad para obtener su don. Se dice que la rabia característica
de los Jivath viene del mismo Maestro Alma por una persona que le
rompió el corazón, pero solo en un recoveco de su memoria se
encuentran algunos fragmentos del origen de esa rabia que acompaña
al orgullo de los forzados guardianes de todas las personas que las
cuidan desde las sombras.
Lo cierto es que para pertenecer a
los Jivath cada miembro tuvo que morir su vida anterior por amor. A
continuación leerán la historia de caballo de metal, uno de los
caballos más jóvenes de esta orden:
La Princesa Maga tenía que viajar a
casarse con su primo, el príncipe del Gran Reino del Oeste,
acompañada por su guardia personal, especialmente por el soldado más
joven que en poco tiempo se convirtió en su confidente.
Lamentablemente la boda se frustro
por una traición de un viejo consejero de la familia del novio (como
no sucedió por primera ni sucederá por última vez en la historia).
Este antiguo aliado vendió conjuro un ejército de demonios
elementales y otro de piratas y asesinos con el que tomo el palacio
del gran reino del este. El joven confidente de la princesa advirtió
advirtió la situación antes de entrar en el palacio, pero no lo
suficiente como no haber sido perseguidos por el codicioso traidor.
La princesa agoto toda su energía intentando disuadir a sus enemigos
y salvar a su guardia. Su poder fue recordado como legendario y su
guardia como una legión heroica. Habían vencido a nueve décimas
partes del ejército de forajidos y demonios que pretendían
capturarlos, con ayuda de la naturaleza que protegía a la princesa
maga y el coraje de su guardia. Pero ahora solo quedaba el más
devoto de sus soldados contra una tropa de sicarios sin otra
convicción que la codicia.
- por favor déjame. No soporto la idea de que mueras por mí y nunca me voy a perdonar el no haber sido lo suficientemente fuerte para salvar a los demás. Ahora solo me importa salvarte a vos. Mi vida no vale tanto.
- ni pensarlo mi señora. Viví desde el primer respiro con el único propósito de protegerla. Mi destino es morir por usted y no tengo interés en cambiar eso.
Los sicarios estaban escuchando la
conversación mientras se acercaban a su objetivo.
- ¡Qué asco! – grito el que dirigía al grupo- no puedo creer lo patética que puede ser una persona que jura lealtad. Como si ella estuviera dispuesta a sacrificarse por él. Pobre idiota.
- Te lo explicaría, pero dudo que una bestia con tu diminuta mente lo entienda.
Esa frase enojo al capitán de los
sicarios que enseguida lanzo a todos sus seguidores sobre la princesa
y su guardián. Este pensó para sus adentros: “solo me queda algo
por hacer, aunque ese algo me cueste la vida”.
- ¡MESATSUKEEENNN!- grito mientras giraba sobre sí mismo extendiendo su espada, elevándose en el aire y elevando a sus contrincantes con los golpes de su espada. Cuando todos estuvieron a una altura que se suponía imposible, el guardián de la princesa cayó con un golpe vertical por cada uno de sus oponentes. Realizo la maniobra a tal velocidad que creo la ilusión de que todos los golpes verticales fueron simultáneos. Cuando acabó sus rivales habían sido diezmados y él no tenía energías para moverse. Se mantenía con una rodilla apoyada en el piso y apoyando el peso del resto del cuerpo en la espada que tenía clavada al mismo piso. No respiraba, jadeaba, con una leve sonrisa de plenitud en su cara. Sentía que había cumplido el propósito de su vida. – está a salvo mi señora, ya puedo irme de este mundo feliz.
- No digas estupideces- dijo ella mientras iba a abrazarlo con lágrimas en los ojos- no me va a alcanzar la eternidad para honrarte a vos y a tus compañeros. Ese hombre estaba equivocado: sí daría mi vida para retribuir tu sacrificio.
- El solo hecho de que usted permanezca con vida es motivo para que nos sintamos plenos con nuestro destino.
De la nada se
presentó frente a ellos el conspirador:
- Perdón que termine con su charla.
El valiente
soldado se irguió con dificultad para enfrentar al peligroso agresor
que hizo aparecer una lanza que arrojo y lo atravesó. Este cayó y
la princesa lo abrazo llorando, con una mezcla de tristeza y culpa
por el hecho de estar viva. El conspirador se acercó a ella, la
levanto sujetándola del cuello con una sola mano.
- Se supone que ibas a casarte conmigo en lugar de con ese principejo, pero este infeliz tenía que arruinar todo. Ahora te voy a matar pero antes vas agonizar siendo consciente de que murió por tu culpa, porque sé que no te quedan fuerzas para sanar sus heridas y que de todo el mundo, es la última persona que quisieras que muera.
Ella intento
zafarse de las manos de su agresor, hasta que quedo sin aire y casi
se desmaya viendo la sonrisa de quien la estaba matando. Pero justo
en ese instante, un movimiento como de relámpago corta el brazo que
la estaba ahorcando.
- ¿cómo pudiste pararte?- pregunto el conspirador lleno de pánico al ver al soldado que creía muerto.
- No me pienso morir sin estar seguro de que mi señora está a salvo.
Dicho esto, el
guardián le clava una estocada en el medio del pecho que lo mata.
Luego de realizar esta acción, el guardián cae, ella vuelve
abrazarlo, lo mira a los ojos llorando más que antes, más que de lo
va a poder llorar después. Se toman de las manos, se aferran, se
miran a los ojos sin hablar pero diciéndoselo todo y lo único que
importa. Él la suelta, deja de mirarla, ella lo apoya en el suelo y
no lo suelta, de hecho, pierde la noción del tiempo y se queda días
enteros abrazando al cuerpo, extrañando el alma. Cuando finalmente
decide irse, toma su espada, le jura dos cosas: una vivir plenamente
el resto de sus días para que su sacrificio no haya sido en vano; la
otra, volver como su espada para protegerlo durante todas sus vidas
posteriores, aún después de la misma eternidad.
Desde ese
entonces hasta su último día, ella no se casó, llevó consigo la
espada en la que grabo su nombre con la certeza de que él iba a
encontrarla vida tras vida. Todas sus noches miro al firmamento desde
su balcón y las estrellas le recordaban sus ojos; escucho el
murmullo del viento que le trajo su voz en una perpetua declaración,
con forma de poema, que nunca se enteraría que fue correspondida. Lo
más cercano que ella pudo hacer a contestar a su guardián fue
cumplir sus juramentos.
Desde ese
terrible episodio ella jamás se volvió a sentir sola, ni totalmente triste.
Vida tras vida, se acompañaron y pudieron ser los dos parte de un
mismo ser. Y aún hoy ella acompaña a su guardián, devenido en el
caballo de metal.
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