lunes, 7 de julio de 2014

Por Fin Acción! Cap 1

José Ignacio López llega a su casa extenuado del trabajo. Se dispone a disfrutar de su "paz", lo que el llama "caos controlado", pues cree firmemente que a diferencia de sus herramientas de trabajo, las cosas de su hogar aparecen más rápido cuando se las deja moverse anárquicamente. Con el dinero es exactamente al revés: cuando le pagan guarda la plata en el bolsillo como viene, es decir, la mete dentro sin acomodar de ninguna forma (cree que trae suerte), en cambio, en su casa la acumula ordenada de mayor a menor, todos con la cara de los próceres mirando para el mismo lado, excepto el de adelante de todo.
La vida interior de Pepe Nacho (apodo que le puso una tía de chico y que siempre lo molestó), es muy rica: es un supersticioso amante de la ciencia, que a la hora de los negocios sigue a los economistas tanto como a los astrólogos; siempre está presente para la conversación erudita o literaria y para los programas de TV trash con muchas mujeres con poca ropa. Por presión de su padre es abogado, pero en venganza a él por no dejarlo soñar eligió ejercer la plomería (oficio que aprendió de un amigo, con el que no tenía un vínculo tan fuerte).
"¡Ay que lindo! Al fin en casa sin otra cosa que hacer que ver la tele. Me olvidé de ir a comprar, sale pizzería. " Este es el mismo tipo que no llega a ningún lado con menos de 15 minutos de anticipación y que todos sus clientes adoran por lo detallista y responsable. Lo cierto es que sufre las responsabilidades y las evade, porque cree que todo lo que hace debe hacerse bien, ya que si el cliente  no se conforma con la mediocridad él tampoco.
Suena su celular por un mensaje.
"¡No me jodan! No quiero salir, si pudiera haría que me traigan la pizza a la cama."
Lee el mensaje y no sabe si sentir decepción o alivio, debido a que el mensaje es para cancelar una reunión con sus amigos que venía planeando hace tiempo.
Recibe la pizza, come la mitad viendo su serie de acción y piensa en que si hubiera sido narco su vida sería más emocionante y tendría un harem más grande que el que tuvo su padre alguna vez. Se duerme pensando en algún posible negocio y exagerando las posibles utilidades para motivarse.

Se levanta casi al mediodía (es domingo y dijo a todos sus clientes que tenía la agenda llena para no trabajar y seguir pareciendo responsable), va a comprar facturas deseando todavía hayan quedado las que le gustan. El portero le alcanza el diario Le Monde Diplomatique, Página 12 y su ansiado número de la revista Hombre de este mes, con una tapa con dos de sus modelos preferidas. Le da propina y le pide que se las guarde. El portero le pregunta como va el juicio de bienes con su ex, le dice que en un día tan lindo no piensa hablar de eso.
Iba en camino a la panadería en alpargatas, despeinado y cara sin lavar. Cuando salía de noche impecable eran los únicos días donde compraba facturas temprano bien vestido (pero con resaca y olor a alcohol, con suerte casi milagrosa lo adornaba un chupón).
Caminaba tranquilamente cuando de repente oye a una chica gritar. Un tipo la amenazaba con un cuchillo a mitad de cuadra de donde él pasaba.
--Déjala o te cago a trompadas-- Gritó con poca convicción, pero no quería cargar con la culpa de no haber ayudado a una chica sola. Después de gritar salió corriendo hacía el tipo que lo apuntó con el cuchillo. El tipo le tira un cuchillazo, él lo esquiva, le toma la mano y le rompe el brazo, lo golpea en el estomago. El tipo se desmaya y él aprovecha para llevarse a la chica de la mano a su casa.
En ese momento no se imaginaba que tan emocionante se iba a volver su vida.